sábado, enero 28, 2006

Paradojas del artificio.

Soy una persona que después de haber tenido una vida de novela, de mala novela, ha caído en la escritura como refugio de su propia existencia. Escribo porque no tengo otra opción, porque lo he intentado todo, casi todo, y me he resignado a que la mejor forma de vivir una vida intensa pero sin padecer sus tristes peligros es a través de la escritura, del pensamiento, la reflexión y la literatura.

George Sand, después de haber viajado por países, escalado montañas y soportado fríos inviernos a la intemperie, se dio cuenta en Mallorca que sus mejores viajes los había realizado sentada en su viejo sillón, frente a la chimenea, con un libro en la mano. Al modo de ella he decidido redactar mi vida sólo para mí mismo, seré como un Descartes de la escritura, me sentaré en mi sillón a buscar ideas claras y distintas. Me dedicaré a contarme mi propia vida para anticiparme metódicamente a mis infortunios, para darles un cariz estético que los haga mejor llevaderos. Posiblemente me haga poeta, quizá en la biografía de un Rimbaud puesta de cabeza. Me sentaré a leer todos los libros desde el final hacia el principio para hacer toda una fenomenología de los espíritus individuales. Tal vez encuentre un trabajo de prologuista o en un instituto, seré como alguno de esos hombres solitarios y misóginos que viven escribiendo para sus becas, o uno de eso profesores de preparatoria que son incapaces de compartir el café de su desayuno.

«Las artes requieren testigos» —decía Valery testificando a Marmontel— y pienso que mi nueva vida, para que sea artística, no puede exisir en sí misma, no debe existir en sí misma. Para que mi vida exista debe ser comprendida por algo o por alguien, por eso es necesario que sea contada al menos a un lector imaginario, a una almohada o aunque sea a uno mismo. Qué importa el ágrafo de Sócrates, prefiero a Platón.

Pero no, yo no seré un escritor, sólo quiero escribir. Seré un Tenorio, ese personaje de Vila–Matas, y me dedicaré a contarme mi propia vida, mi propia historia real que hable del paso del tiempo. Sé que esta será una vida de muerto, y así es. He decidido terminar con mi vida. Seré un significador de ella porque los que viven su vida se vuelven insignificantes, como ese cúmulo de lápidas sin nombre que resguarda a aquellos soldados desconocidos que lucharon por la batalla de la vida.

Prefiero narrar a lápiz que ser narrado con bolígrafo. El grafito es más noble, te permite jugar a Dios, puedo enmendarlo todo sin dejar marcas, tachones ni la plana sucia. Kierkegaard decía que «si escribieramos de vez en cuando todo lo que nos acontece en la vida podríamos, sin pensar en ellos, volvernos filósofos.» Pues bien, yo seré uno de tiempo completo. Vivir o escribir, la paradoja está resuelta. El "justo medio" aristotélico es sólo un desideratum de la razón, uno de sus tantos artificios que se cumplen a regañadientes.

Finalmente creo que soy como la mayoría de todos esos Tenorio que ya no les queda otro remedio mas que escribir, leer y escribir, porque no pueden ser otra cosa, porque ya no quieren hacer otra cosa mas que contarse su propia vida en forma literaria, con la pipa apagada, masticando las mismas ideas y planteando de forma exagerada sus trilladas dicotomías imaginarias.





7 comentarios:

Polaf dijo...

te leo y siento que es ahora cuando realmente das vuelta tu cabeza y miras de frente la cámara. Es ahora cuando te veo a los ojos ... y me agrada, me gusta.

Un abrazo Idou, escribir tu vida como tu lo haces, siempre será la mejor opción, la única opción y me alegra, me alegra ser testigo de ello.
Pola(f).

Polaf dijo...
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Polaf dijo...

Leí otra vez tu post y ahora siento que quizás mi mensaje esta un poco fuera de lugar. Es que no había reparado en tu tono. En esa resignación. ¿Qué puedo decir ante eso? Nada, que para nosotros, los que te leemos, es un placer hacerlo y quizás de ahí mi entusiasmo al enterarme de que habías decidido seguir haciéndolo. A veces el entusiasmo nos hace parciales y no me di cuenta de que en el fondo, esa opción tuya, implicaba un abandono.

Conocí a George Sand más de cerca gracias a mi amiga Cinodo. Ella me leyó una vez una carta que Sand escribió a Alfred de Musset. Carta muy triste por cierto, pero de una dignidad admirable. He ojeado algunos libros de ella, pero nunca me he metido de lleno a leerla. Quizás ahora me anime, me gusta el énfasis que pones en su placer por la lectura. Y me gusta la fotografía de ese rincón, esos espacios pequeños especialmente dispuestos, como el escritorio que mira al mar de mi amigo J o la biblioteca de mi amiga Cinodo , lugar donde dormí por meses hipnotizada con tanto libro :-).
Un abrazo,

idou_picio dijo...

Si, hay una resignación, quizá también una aceptación de una forma de vida. Un poco de sarcasmo, de ironía, insolencia, y tal vez algo de comicidad hay en este mensaje. Lo escribí porque me he dado cuenta de que la lectura es un ejercicio solitario cuyos riesgos pueden ser tan peligrosos y/o austeros que los días tachados en un calendario. A veces uno preferiría una agenda y ver hacia el futuro, pero ante la monotonía uno quédase tachando días pasados.

A George Sand yo la conoci por medio de una película donde se narra su noviazgo con Chopin y por azares fortuitos Invierno en Mallorca lo encontré en una librería de libros usados, casi abandonado. Tomó principal relevancia cuando tuve una novia pianista, enamorada intérprete de Chopin, donde por caprichos del destino yo me sentaba en un sillón a leer mientras ella ensayaba.

Qué envidia tener una casa frente a la playa, y que uno pueda darse el placer de vivirla aunque fuere por unos cuantos dias.

Y sí, he vuelto la mirada hacia la cámara, hacia un espejo y me quedé viendo mi rostro.

Saludos.

Pato Pascual dijo...

¿Qué se puede decir al respecto de este texto?

Hermoso en una palabra.

Expresa el espíritu de lo que Kierkegaard llamo el caballero de la resignación infinita. He allí la vida vivida, y por allá las posibilidades de vivir pero... ¿qué posibilidades son esas? Las mismas que ya se conocen.

Obrar bajo lo bello, y bajo lo conocido esperando en algún momento la redención acaso en forma de lector.

Me quedo sin palabras, queriendo dar alguna de aliento. No las necesitas, en la reflexión de mil vidas vividas veremos el otro lado del agujero y quizá así y sólo así finalmente podremos vivir.

cinodo dijo...

a mi George Sand me cautiva de una manera extraña---Por mucho tiempo crei que envidiaba esa pasión...y que ella de alguna manera no era comprendida en esa forma de amar. Tanto su amor con De Musset como con Chopin fue una forma de vivir sin dar la espalda.

Zuriñe Vázquez dijo...

Escribir uno su propia vida le lleva a hacer una memoria selectiva que tiende a archivar lo bueno y haber suprimido lo malo. O algo de invención si que surge... Yo tamibén me propuse escribir pero en lugar de mi vida, de la vida que me rodea, de los procesos sociales en los que estamos inmersos para poder entenderlos yo misma. Un abrazo idou