sábado, agosto 23, 2008

Mono de seda.


Recuerdo que la primera vez que fui a buscar un esmoquin me preguntaban en la tienda si era para una boda, y los más despreocupados me preguntaban si era para casarme... Como fui a varias tiendas, en varias tiendas me preguntaron lo mismo. La primera vez que escuché la pregunta me dio un poco de risa; las otras me sorprendía la persistencia de ese lugar común, pero en las últimas me empezaba a fastidiar... "¿Uno sólo compra ropa de etiqueta sólo cuando va casarse?" Me pregunté. Como iba con una persona de las que por-más-que-le-ruego-no-me-hace-caso, no perdía, eso sí, la oportunidad de lanzarle indirectas muy directas, mitad en juego y mitad en broma.

Lo que sí es cierto es que a uno (entiéndase su servidor), cuando se le toca la vanidad, le da por el 'instintivo' deseo de la compra impulsiva; no obstante, la sabia pobreza todo lo restringe y, con base a cierta ética del "no te va a alcanzar", invita a una estoica mesura de la humildad. Y, pues, ni modo, ahí sí, no hay ni juego ni broma.

En fin, yo aún le huyo al matrimonio, no se me da. Sin embargo, seguiré buscando otros esmoquines.

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Nota: Esmoquin, según la RAE. Ni smoking, ni smoquing...