jueves, diciembre 08, 2005

Vila-Matas


Estoy ahogándome en libros. Tareas, lecturas y poco tiempo para escribir lo que deseo. El caso es que también disfruto lo que hago pero preciso de un lapso de distancia para pensar tranquilamente.

Hoy me encontré el libro Lejos de Veracruz de Enrique Vila-Matas. Lo hojeé y me resultó interesante que el personaje encontrara en la escritura el último refugio para su vida. “Metanovela”, recuerdo que aparecía en algún lugar de la contraportada. Vila-Matas hace una reflexión sobre la metanovela.

A Vila-Matas lo conozco por Bartleby y compañía [Anagrama, 2002]. El tema de este libro ya el autor lo menciona desde la primera página: hacer un recuento de aquellos escritores que han dejado de escribir, independientemente de la razón y/o que tuvieran para ello. Y, según él, ésta crisis de la literatura en general es el único medio a partir del cual puede surgir la literatura por venir, que en esta escritura fracturada es e punto de arranque de su porvenir.

Los casos, para mi sorpresa, son cuantiosos. Tenemos a Rulfo, a Salinger, Rimbaud, entre otros, que una vez que hubieron publicado sus libros dejaron de escribir, así, sin más. O por ejemplo el pintor Duchamp que dejó de pintar cuadros y a hacer de su vida una obra de arte... O Kafka que sólo publicó algunos libros de cuentos, mientras que su demás obra está editada póstumamente... Todas estas personas que dejaron de escribir son unos Bartleby, según la definición de Vila-Matas, son escritores tocados por el Mal del Post Scriptum, confabuladores de la literatura del No, del laberinto del No. Pero estos Bartlebys no son aquellos que por pereza dejan de escribir, sino los que, diciéndolo metafóricamente, han sido abandonados por sus musas (sean las musas quienes fueren, con tanga o sin ella), escritores que ya jamás lograron conseguir un incentivo para seguir escribiendo.

Y me llamó la atención porque, siguiendo este modelo de Bartleby, hay personas que han dejado de leer y no se sienten culpables por ello, o existen músicos que han dejado de asentar en partituras el sinuoso movimiento de su quehacer artístico (Johnny Carter, personaje de El Perseguidor en Cortázar, sería ejemplo claro de un Bartleby), poetas que han dejado de hacer poemas, etcétera, y no se sienten culpables y/o ansiosos por ello… Antes bien, mejor se sienten libres de tal necesidad/necedad. Sócrates mismo, en términos de Vila-Matas, sería un perfecto ágrafo bartlebyano, de ahí que es posible imaginarnos a Platón desesperado por intentar conservar los diálogos que su maestro tenía con cualquier persona en la calle.

La lectura de Bartleby y Compañia me ha dejado una inquietud muy interesante en torno a la no-escritura, a la no-lectura y, por extensión, a la no-comunicación. El pasaje donde Vila-Matas se refiere a Salinger es memorable. Salinger, éste es uno de los autores que más le intrigan a Vila-Matas. Salinger, el autor de The Catcher in the Rye, el libro que Mark David Chapman portaba al momento de hacer caso a su impulso de disparar a Jonh Lennon.

El motivo de este texto es, finalmente caigo en la cuenta, escribir que no puedo dejar de escribir, que no soy un ágrafo, ni un Bartleby… Que a diferencia de ellos, a mí sí me cuesta trabajo imaginarme silente, sin la escritura, sin la lectura. Que se necesita mucho entrenamiento para colmarse hasta el hastío de aquello que se hace con placer... Sin embargo, ya que lo mencioné hace un momento, no deja de cautivarme el silencio de Juan Rulfo, es como si después de escribir, su mano, su pluma y cada una de las hojas que tuviera frente a sí se fueran erosionando lentamente, así como Pedro Páramo, ese personaje inasible que va diluyendose en la silenciosa llanura de la no-escritura.

En fin, no sigo por el momento.
Algo sobre Vila-Matas: X

8 comentarios:

Magda dijo...

Que grata sorpresa, muchas gracias por el enlace. Ahora ando por acá por si gustas visitarme, solo da por favor un click en mi nombre y te lleva a casa.

Muchos saludos, y me voy a leer tus post para conocerlos.

Zuriñe Vázquez dijo...

Idou me has dejado sin aliento. Has tocado lo que mas quiero los libros, la lectura, la escritura... que más puedo decir, me tienes a tus pies amo... Además vas hacia Vila Matas, y su no escritor. Magnifico. Tal vez se esconda detrás de esos escritores que han dejado de escribir el miedo, puedo entender que sea el miedo a crear, a crear más y mejor, a seguir esa exigencia del todavía más... y el dejar de leer, ese puede ser el miedo a meterse en otros mundos, el renunciar a otras realidades... tema largo y enrevesado con mil caras y con mil miedos. Y no explicable en una "explicación". El la indecisión como diría Javier Marías. Un abrazo inteligente bloggero.

Polaf dijo...

A veces siento que en la escritura y en la misma lectura existe mucho silencio. Un silencio que acompaña sin incomodar. Recuerdo los cuentos de Rulfo. Una vez escribí algo sobre ellos. Algo también sobre sus fotografías. Ese polvo, esas miradas, esos espacios tan dolorosamente silentes.

Ayer leía a Kundera y hablaba de afinidades, contactos furtivos entre pasado y presente, esos ecos, esas correspondencias repletas de nostalgia. Esas coincidencias Idou. Esas que encuentro cada vez que entro en tu pizarra negra.

Georgina dijo...

¿No será, simplemente, que un escritor deja de escribir porque ya no tiene nada más que decir?

Por lo demás, los casos que mencionas (sobre todo Rulfo, Salinger) son excepcionales: de pronto un desconocido ilumina el cielo con un portento para después apagarse en el silencio. ¿Podríamos pensar que temen no volver a alcanzar la altura de su opera prima?

Polaf dijo...

Se extraña leerte... parece que enmudeciste igual que yo... saludos,
Pola(f)

idou_picio dijo...

No, aún sigo aquí Pola(f) --me encanta la "f" colocada entre paréntesis--, sólo que ahora más ahogado por compromisos, pero no dejo de pensar sobre lo que no he puesto en mi blog y ya debiera estar puesto.

Aquí estoy, un poco menos frecuente, pero aquí estoy.

Polaf dijo...

bueno saber que no has desaparecido. Un beso Idou.

Polaf dijo...

tu mensaje en mi blog... idou... hoy he estado triste. Esta melancolía que me visita... que me hace pensar en todo lo que no ha sido. En todo lo que no fue. En que quizás equivoqué el camino. En que quisiera pintar todo el día, pero no puedo. Y pienso en esa foto del ángel en tu blog. En que hoy me he percatado de que la c pequeñita tenía un link. Lo aprieto y aparecen más coincidencias... intento escribir mi tesis de doctorado. Mi tesis sobre cine y exilios, escapes, destierros, diásporas, huidas. Pero no puedo. Siento como si una parte de mi se fuera en eso. Remover cosas que preferiría no tocar demasiado. Y ni en mi mi blog puedo escribir. Al menos en tu pizarra negra si me atrevo a hacerlo. Se siento uno a gusto. En casa. Mis casas en el horizonte. Gracias por eso Idou.