miércoles, noviembre 23, 2005

Tonelería


He recibido comentarios, sugerencias, críticas, en torno a que debiera dejar el Blog. Y tal vez algún día termine por hacerles caso, pero no por el momento. En el poco rato que llevo aquí dentro he encontrado distintas justificaciones para permanecer en un Blog que corresponde a las distintas maneras de usarlo. Unos colocan —literalmente— un diario en la red, desde que se levantan hasta que se acuestan. Otros sólo anécdotas, unos más prolongan su vida emocional en ellos, algunos lo destinan a un cuaderno de ideas, citas, frases célebres, etcétera.

Admito que escribir en un Blog puede convertirse en un juego libre del pensamiento, medianamente desinteresado y medianamente sin compromiso. Requiere un rato de ocio y un mucho de paciencia por parte de quien lee como de quien escribe. Pero como juego libre también puede volverse innecesario o inútil. Hay juegos serios, —hay grados de seriedad, dirán unos—, y un Blog no siempre resulta ser una de las primeras acciones serias dentro de un grupo de actividades relevantes para la vida.

Por mi parte he intentado permanecer quieto, evitar un juego libre de mi pensamiento hasta casi reproducir la inmovilidad. He ensayado no hacer ruido en la web y ser una calca de su silencio. En algún momento me propuse estar como de espaldas en la pared y recargarme contra ella lo más posible, mantener la respiración para ver si podía desvanecerme en ella, pero no pude conseguirlo, y tal vez no quise hacerlo. Tan sencillo es sucumbir a la tentación de la palabra.

Kierkegaard, Kierkegaard de nueva cuenta, escribió Migajas Filosóficas o un Poco de Filosofía en una época en que Europa estaba absorta esculpiendo los grandes monumentos de humanidad. Frente la Fenomenología del Espíritu hegeliana, (efigie portentosa del pensamiento indagando el Espíritu, así en mayúsculas), Kierkegaard escribe unas migajas y así decide llamarlas. En su prefacio el autor dice lo siguiente con respecto a su obra:

«Cuando Corinto fue amenazada por el asedio de Filipo y todos sus moradores entraron en febril actividad: unos a limpiar sus armas, otros a trasladad piedras, otros a restaurar murallas, Diógenes, percatándose de ello de ciñó presurosamente el manto y comenzó a hacer rodar su barril por las calles de arriba abajo con gran empeño. Cuando le preguntaron porqué lo hacía, respondió: “estoy ocupado con mi barril, no quiero ser un ocioso entre tanta gente aplicada” […] del mismo modo —continúa Kierkegaard— es absolutamente imposible que a alguien se le ocurra […] dar a mi opúsculo un significado histórico–mundial.»

Es como escribir poemas en la arena o sobre las cortezas de los árboles.

______________
Foto cortesía de: Mnemosyne.
En Wikipedia buscar Diogenes de Sinope
Algo más de Diógenes Diógenes el cínico



10 comentarios:

La Lejana dijo...

Palabra, palabra, palabra. Hoy por la madrugada desperté repitiendo una palabra que me colapsaba los pulmones. Que me quitaba el aire.. semejante a lo que escribres tú.
Creo que es un poco necio que te pidan que dejes tu blog, a menos que te estés volviendo un psico que sólo viva por y para él (blog) que no lo creo.. sinceramente.
A mí, tener un blog, me da la oportinidad de navegar en busca de blogmentes interesantes, inteligentes, que a veces es difícil hacerlo en persona, porque la primera impresión no te deja ir más allá y poder leer algo de sus pensamientos.. obviamente, hay mucha basura para ir dejando por el camino.
Tu blog me gusta, me gusta.

insignificante dijo...

Recuerdo una escena de la película Ghost Dog: el protagonista y un amigo contemplan desde lo alto de un edificio como un hombre de edad avanzada construye un barco en una pequeña azotea vecina; la tarea, aparte de ser ingente para un solo hombre, es completamente inútil: por las características del lugar, el barco, una vez acabado, nunca podrá ser sacado de allí; el hecho de que tal acción se desarrolle en un barrio suburbial, lejos del mar, remarca lo absurdo del empeño. Aún más: la obra es prácticamente secreta: nadie puede contemplarla a menos que se encuentre en la azotea del destartalado edificio de enfrente. Los dos amigos no consiguen explicarse cuál es la motivación que empuja al hombre a realizar un acto así.
Cabría señalar, además, que la propia escena es innecesaria para el desarrollo de la trama.
No hace falta decir que los dos amigos no pueden dejar de admirar al hombre de la azotea; que la escena es sin duda la más bella de la película; que sólo lo innecesario puede llegar a ser tan bello y, a su manera, tan absolutamente necesario.
Coincido con los que le critican en que su blog (como el mío, como todos los que leo habitualmente) es perfectamente innecesario. Razón de más para seguir escribiendo.
Saludos!

Telémaco dijo...

Muchas gracias por visitar mi blog y por recomendarlo. Una recomendación de alguie´n que escribe tan fenomenalmente como tú tiene mucho valor.

También me alegro de encontrar otro blogger, discipulo de Kierkegaard, que ayude a lavar la imagen de Diogenes.

PD: Por cierto ¿sabias que en España hay un par de cómicos muy buenos (Faemino y Cansado) que siempre acaban sus números diciendo "¡Que va, que va, que va! ¡Yo leo a Kierkegaard!"?.

mireia julve dijo...

ola chico!!!
e aqui la catalana jeje oye que aun estoy esperando, eso si, sentada, tu comentario. ya que mi profesor de literatura no me los pone pues me gustaría que alguien dejara caer algun comentario. es una idirecta muy directa...!

no dejer el blog

saludos. mire

p.d espero tener una contestacion jeje

Fatal Espejo dijo...

Hola, buenos días. Vengo hasta aquí por el blog de Rax y me alegro de haber llegado. Nos hace falta más Diógenes, sin duda: más humor y más sutileza. Se agradece. Ya volveré, y mientras, saludos.

idou_picio dijo...

De manera interesante y sugerente, esto se está volviendo una reflexión sobre los Blogs, de sus peculiares vínculos sociales, de su pragmática.

Me he dado cuenta que la mayoría de los que escriben en Bloggs se han cuestionado la pertinencia de un blog y su utilidad.

Esto me parece que se debe a la entendible cautela y escepticismo frente a un medio de comuncicanión diferente. Sin tener el dato exacto, podría asegurar que el porcentaje de población mundial que puede acceder a la red no pasaará del 30% ¿Que será cuando el 60 o 70% tengan acceso? Y en cuanto tiempo sucederá eso? ¿30 años o menos?

En fin, ya en el 2120 (si es que llegamos) los historiadores apuntarán en sus bitácoras: "A inicios del siglo XXI existia mucha cautela sobre el uso de la Web".

Estimado Telémaco: Aún en amplios sectores se considera un acto cómico aseverar que uno lee a Kierkegaard. Principalmente aquellos que piensan que el pensamiento es claramente diferenciado de las inasibles variaciones cotidianas.

Alberto, Lejana, gracias por sus comentarios.

Mireia, querida Mireia, tengo una deuda contigo que gustoso cumpliré.

Saludos.

alma dijo...

Me preguntaba qué puede motivar a alguien a "aconsejarte" que dejes el blog...no lo hagas eh! ;))

Andrea dijo...

Suerte con ella.

Me fijé que tb lees a Foucault :)

Salu2.

idou_picio dijo...

¿Con... ella? ¿Quien ella?

mireia julve dijo...

que duda tienes conmigo?